Consecuencias a la vista

Consecuencias a la vista

Mientras los clubes europeos aportan millones para llenar sus torneos de figuras, el hemisferio sur apuesta a una estructura en función de los seleccionados y un objetivo: la Copa del Mundo.

La mala decisión del árbitro Craig Joubert, que le concedió a Australia un penal en el último minuto ante Escocia cuando debió sancionar scrum, le permitió a los australianos llegar a unas semifinales que serán propiedad exclusiva de quienes disputan el Rugby Championship: All Blacks, Springboks, Wallabies y Pumas.

World Rugby reconoció el error este lunes. Los bravos británicos bien podrían haber avanzado, pero el espíritu que diferencia a los de arriba con los de abajo hubiera sido exactamente el mismo.

Hace años que el rugby de Europa se convirtió en un refugio -atractivo, por cierto- de quienes brillan adentro de la cancha y despiertan el interés de los patrocinadores afuera en pos de tener equipos que bien podrían jugarle de igual a igual a los seleccionados. Toulon, en Francia, y Saracens, en Inglaterra, son dos nobles ejemplos.

Pero billetera mata galán y los del Seis Naciones ya no lucen tan apuestos como antes. Precisamente franceses e ingleses, que tienen en el Top 14 y la Premiership los torneos más competitivos de Europa, se fueron con mucha pena y nada de gloria del Mundial. Los galos se despidieron humillados por Nueva Zelanda en cuartos de final y los anfitriones ni siquiera pudieron salir de la fase de grupos.

Es que los cracks del sur como Habana, Mitchell y Giteau coparon el viejo continente con muchísimos importados más y lo que se viene es incluso más profundo: Carter, Nonu, Conrad Smith y varios Wallabies como Ashley Cooper y Quade Cooper que, como los sudafricanos, ahora podrán ser convocados a pesar de actuar en el extranjero.

Mientras tanto, el modelo de franquicias del Super Rugby se renovará en 2016 y sumará un equipo de la Argentina, otro de Japón y un sexto de Sudáfrica. Australia y Nueva Zelanda seguirán contando con cinco.

La función de las franquicias que compiten en el torneo del hemisferio sur es la de brindarle a los jugadores de elite una estructura de alto rendimiento, rodaje y una exigencia muy similar a la que existe en el plano internacional. O a veces superior.

Los beneficios económicos, se sabe, no están a la altura de los que perciben los clubes de Europa. Pero cada entidad tiene relación directa con su respectiva unión nacional y juntos coordinan descansos y planean la temporada para sacar lo mejor de los protagonistas adentro del campo de juego y no exprimirlos y agotarlos antes de que lleguen a los seleccionados.

La Unión Argentina contrató a sus jugadores tomando como ejemplo y parámetro a la de Nueva Zelanda, con la excepción que los kiwis tienen figuras de los All Blacks distribuidas en cinco franquicias. Los Pumas, muchos de los que están en el Mundial, otros tantos que quedaron afuera más las camadas que se vengan jugarán todos en el mismo club.

Tras la Copa del Mundo, quienes militen en el exterior no serán convocados, anunció la UAR, en un claro intento de frenar de entrada y antes de tiempo el posible y lógico éxodo que pueda llegar a existir cuando los conjuntos del viejo continente lleguen con sus jugosas ofertas. Pero la medida, con otro ciclo de experiencia en el Rugby Championship y cuatro años de un club armado para un seleccionado, tendrá también otro horizonte: Japón 2019. Porque más allá del dinero, el éxito no tiene precio.

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